Partidos políticos, coaliciones políticas y coherencia.

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No son las figuras tecnocráticas o elitistas las que pueden salvar la calidad de nuestra democracia, es la presencia activa de partidos o movimientos políticos serios, estables, organizados y con programas políticos que realmente comprometan a sus miembros y candidatos a cargos de elección popular. 
Por: Alejo Vargas / El Colombiano
Terminó la inscripción de candidatos a diversas nominaciones públicas y el balance es bastante desalentador en lo relacionado con la solidez y coherencia partidista. Las llamadas por algunos ‘feria de los avales’ deja mucho que desear acerca de los partidos políticos y el nivel de coherencia y cohesión de los mismos, pero igualmente de la deficiente legislación electoral. 

 Debemos empezar señalando que los partidos políticos son de las instituciones menos apreciadas por los ciudadanos y a decir verdad, esa desconfianza la tienen bien ganada. 

Pero también es verdad que la legislación electoral no ha sido una que favorezca o fortalezca a los partidos políticos, sino que por el contrario estimula su atomización, a pesar de los esfuerzos en contrario de la reforma del 2003. Una evidencia de eso es la proliferación de los llamados candidatos por firmas. 

Si vemos lo sucedido con los partidos políticos en relación con la ‘feria de avales’ tenemos que hay una gran cantidad de inconsistencias y vacíos legales (no porque crea que la ley sustituye los vacíos funcionales de los partidos políticos), pero que podrían ayudar a resolver mínimamente algunas de las dificultades. Por ejemplo, nadie debería ser candidato de un partido político si no tiene por lo menos una inscripción en el mismo de seis meses. 

Lo que vimos en esta campaña electoral, no muy distinto de las del pasado, es poco serio: candidatos buscando avales de partido a partido; candidatos a último momento mandando a recoger firmas para inscribirse, firmas que las recogen empresas especializadas en recogerlas y en las cuales la misma persona le puede firmar a tres o más candidatos; candidatos a los cuales luego de haberles prometido un aval a última hora no se lo dan, en fin, todo tipo de maniobras. Sin adicionar todo lo relativo al cuestionamiento ético hecho por algunas organizaciones de la sociedad civil. 

Eso lo vimos en casi todos los partidos políticos, el Conservador, el Liberal, la U, Cambio Radical, los Verdes y por supuesto el Centro Democrático y el Polo. Es decir, no es un problema de los partidos de la derecha, sino que abarca al conjunto de las formaciones partidistas. 

Pero en lo relativo a la seriedad de las coaliciones políticas la situación no solo es peor, sino catastrófica. Por ejemplo, los partidos políticos de la coalición de gobierno no solo son incapaces de presentarse con candidatos unificados a nivel regional, sino que se enfrentan entre sí, -en Bogotá dos partidos de la coalición de gobierno, incluido el del presidente, se enfrentarán con su candidato a la Alcaldía, con el candidato del partido del vicepresidente- ¿tiene eso alguna coherencia ? ¿Ese vicepresidente sería un buen remplazo del presidente para desarrollar su programa de gobierno? ¿Podrá razonablemente el vicepresidente aspirar, como todo mundo supone que lo hará, a ser el candidato de la coalición de gobierno? 

Sería importante y necesario que una vez concluya el debate electoral se estimulara una amplia discusión acerca de la importancia o no de los partidos políticos para una democracia; si las listas cerradas únicas por partidos políticos no es una buena medida para forzar a los partidos a su organización interna; si es razonable mantener esa flexibilidad frente a los llamados candidatos por firmas, y si establecer reglas más estrictas es frenar la participación social o política, o por el contrario es ponerle seriedad a la elección de dignatarios regionales y locales y a los representantes a esos niveles, sin duda es el momento más relevante de la relación entre ciudadanos e instituciones estatales. Si no hacemos algo serio en esa dirección no es esperable ninguna mejora en la calidad de nuestra democracia y claramente la posibilidad de un empeoramiento progresivo. 

No son las figuras tecnocráticas o elitistas las que pueden salvar la calidad de nuestra democracia, es la presencia activa de partidos o movimientos políticos serios, estables, organizados y con programas políticos que realmente comprometan a sus miembros y candidatos a cargos de elección popular. Los espontáneos políticos son en general aves de corto vuelo y lo que requerimos es naves que tengan una larga experiencia de navegación y con tripulaciones y reemplazos preparados y dispuestos a donar lo mejor para ser buenos responsables de la tarea de gobierno.

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