Colombia: ¡Es la economía, estúpido!

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Bien dijo la célebre economista británica Joan Violet Robinson que, “nuestra labor como economistas no es decir lo que debe hacerse, pero sí advertir cuando lo que se hace no está de acuerdo con los buenos principios”. A eso nos limitamos.

Por: Amylkar Acosta / Semanario Caja de Herramientas.

La política jala de la economía

James Carville, asesor de campaña del ex presidente de EEUU Bill Clinton en 1992 cuando este se enfrentaba sin éxito a Bush padre, le dio un giro a la campaña al enfocarla hacia la cotidianidad de las necesidades y de los problemas de los ciudadanos, que tocaban con la economía. Mientras Bush hacía alarde del fin de la guerra fría y de la contundencia de su Operación Tormenta del Desierto en el Golfo Pérsico, los estadounidenses afrontaban la mayor tasa de desempleo (7.4%) desde 1984 (7.5%). Por ello, no era de extrañar que Carville con la frase “es la economía, estúpido” conectara y sintonizara a Clinton con el elector, catapultándolo desde la Gobernación de Arkansas a la Casa blanca.

Traemos a colación este episodio para referirnos a la patética situación por la que atraviesa la economía venezolana, estragada por cuenta de los desatinos de la política que, como dijera Lenin, es la expresión concentrada de la economía. Pretender separar la política de la economía sería tanto como intentar aplaudir con una sola mano. Ya en tiempos remotos, en el siglo XVII, un gran economista francés, Jean Baptiste Colbert, Ministro de Luis XIV, había acuñado esta frase lapidaria: “dadme una buena política y yo os daré buenos negocios”. Más tarde sería el Ministro de Hacienda de la Restauración de la Monarquía borbónica en Francia Barón Louis, quien parodiando a Colbert, sentenció: “dadme una buena política y yo os daré buenas finanzas”.

Y así arribamos a la versión criolla de este aserto con el gran hacendista Esteban Jaramillo, quien fue curiosamente Ministro de Hacienda tanto de Miguel Abadía Méndez, el último Presidente de la República de la hegemonía conservadora y del centenarista Enrique Olaya Herrera, quien con su arrollador triunfo le puso fin a la misma. Esto dijo Esteban Jaramillo: “dadme una buena política y os daré una buena economía”.

Una mala política distorsiona y da al traste con los negocios, las finanzas y, desde luego, con la economía, más aún cuando esta se supedita a la política. Esto es lo que ha venido ocurriendo con la economía venezolana, al borde de su implosión. Por más que se trate de encubrir su crisis valiéndose de cortinas de humo como la supuesta “guerra económica” le han declarado desde el exterior, para luchar contra esta a la manera que el Quijote la emprendía contra los molinos de viento, la procesión que socaba la economía venezolana va por dentro. Me refiero a los fundamentales de la economía, que no por ignorarlos dejan de existir y operar, así como Ptolomeo con su teoría geocéntrica no pudo evitar que la tierra girara alrededor del sol y no al revés.

La economía venezolana se petrolizó

La realidad es tozuda y termina por imponerse, la gran dependencia de la economía venezolana con respecto al petróleo terminó por petrolizarla y ese es su talón de Aquiles. Lo advirtió premonitoriamente el visionario pensador venezolano Arturo Úslar Pietri cuando dijo en 1936 que por esa vía Venezuela se convertiría en “un inmenso parásito del petróleo, nadando en una abundancia momentánea y corruptora y abocado a una catástrofe inminente e inevitable”. Dicho y hecho, esa ha sido su perdición. Al tiempo que sus reservas de petróleo son las mayores del mundo (297.000 millones de barriles), por encima de Arabia Saudita y constituyen el 17.7% de las reservas totales probadas del orbe, su producción ha caído en los últimos años desde los 3.4 millones de barriles diarios en 1998 a 2.8 millones en 2014 y 2.78 millones en lo corrido del 2015, los cuales representan a duras penas el 2.7% de la producción total.

No obstante, sus exportaciones de crudo (US $100.000 millones, aproximadamente) tienen un peso del 96% (¡!) de la totalidad de sus exportaciones; concomitantemente las exportaciones diferentes al petróleo se desplomaron a menos de la mitad entre 2008 y 2013, al pasar de US $5.600 millones a US $2.100 millones. De allí la gran vulnerabilidad del sector externo de la economía venezolana, que se ha visto impactada no sólo por la estrepitosa caída de los precios del crudo sino también por la caída del volumen de las exportaciones. Este pasó de 2.42 millones de barriles diarios en 2013 a 2.35 millones en 2014. De allí que, según registros de la OPEP, el valor de las exportaciones petroleras de Venezuela bajó a 77.776 millones de dólares en el año 2014, una reducción de 7.827 millones de dólares en comparación con el valor de 2013 (US $85.603 millones).

Y no es para menos, dado que el precio al cual comenzó vendiendo su crudo en enero del año anterior fue de US $96.14 por barril y terminó en diciembre cotizándose a US $68. Mientras el promedio de dicha cotización en 2013 fue de US $98.08 por barril en el 2014 fue de US $88.42, US $10 menos y de contera el promedio este año, según el Ministerio de Petróleo y Minería está en US $49.31 (¡!). A ello se viene a añadir el hecho de que la estatal PDVSA se ha convertido en gran importador de gasolina, aditivos para producción de combustibles y nafta, amén de los grandes volúmenes de crudo liviano, necesario para servir de diluyente del petróleo pesado de la Faja del Orinoco. En los años 2012 y 2013 se importaron 80.000 barriles/día y 30.000 barriles/día de crudo, respectivamente. El año anterior el valor de estas importaciones ascendió a la suma de US $47.760 millones.

El descuadre de las finanzas públicas

Así como el ingreso de divisas al país depende del volumen de sus exportaciones de crudo y del precio de este, también depende de estos las finanzas públicas; el Gobierno tiene en PDVSA su “caja de caudales”. De allí los esfuerzos infructuosos del Presidente Nicolás Maduro en las cumbres de la OPEP para tratar de reducir la producción, como lo hacían en el pasado, para tratar de contener de esta manera la caída de los precios del crudo. Lejos de ello, los propios países miembros de la OPEP están contribuyendo a la sobreoferta de crudo en el mercado que impide el repunte de los precios. Esta ha incrementado su producción en 1.7 millones de barriles más desde que en la Cumbre de noviembre pasado optaron por defender su cuota de mercado en lugar de tratar de frenar la baja de los precios,superando en 1.7 millones de barriles/día su cuota acordada de 30 millones. En efecto, Arabia Saudita incrementó su bombeo de crudo entre noviembre del año pasado y julio de este año de 9.6 a 10.4 millones de barriles/día. Por su parte Irak pasó de producir 3.4 a 4.1 millones de barriles/día en el mismo lapso.

Según la Agencia Internacional de Energía (AIE) la oferta global de crudo se incrementó en 3.1 millones de barriles/día entre el primero y segundo trimestre de este año, hasta totalizar una producción global de 96.6 millones de barriles/día. Razón potísima para descartar un importante repunte de los precios del crudo tanto en el corto como en el mediano plazo, máxime cuando EEUU mantiene el ritmo de su producción en el máximo histórico de 9.7 millones de barriles día y sus inventarios en depósitos están a reventar. Por ello, la AIE revisó a la baja sus proyecciones de precios para 2015 y 2016, ahora su previsión los sitúa en un promedio de US $49 y US $54, para el crudo de referencia WTI, después que su estimativo en 2014 era de US $54.26 y US $60.7, respectivamente.

Por cada dólar que baja el precio del barril de crudo que exporta Venezuela esta deja de recibir US $700 millones, aproximadamente. Se estima que Angola, Nigeria, Irak y Venezuela requieren de un precio del barril de crudo por encima de US $120 para modo de poder cuadrar caja, lo cual es un imposible. A los bajos precios y a la baja de la producción, así como al declive de las exportaciones de crudo se vienen a sumar los compromisos adquiridos con China de pagar los créditos contraídos (sobrepasan los US $60.000 millones) y las importaciones recibidas desde el gigante asiático con crudo. Esto hace que se produzca y exporte petróleo a China pero que no le representa ingresos a PDVSA ni al Estado, abocándolo a una iliquidez exasperante que ha llevado al Gobierno Venezolano a operaciones como la que tuvo lugar con el Gobierno de República Dominicana. En un esfuerzo desesperado por obtener liquidez negoció con este país la deuda que tenía con PETROCARIBE de US $4.027 millones de dólares, descontándole el 52% (¡!) de la misma por pago anticipado. Como si lo anterior fuera poco, el costo del subsidio al precio de los combustibles le cuesta al Estado la bicoca de alrededor de US $ 12.500 millones al año (¡!), algo así como 4.4 puntos porcentuales del PIB (¡!). Si a este subsidio le sumamos los demás, en una economía en la que el precio de mercado se ha sustituido por el precio “justo”, el monto de los mismos absorbe casi la mitad del Presupuesto anual del Gobierno Nacional y equivale al 24.1% del PIB de 2013. ¡Una barbaridad!

Y no es para menos, pues desde el alza del 500% que tuvo lugar en 1996 y que provocó el “caracazo”, el precio de la gasolina en Venezuela permanece congelado en niveles que oscilan en torno a los $80 colombianos el galón contra $8.200 en Colombia, parte de la cual debe importar a precios internacionales. Esta distorsión de precios, entre otras cosas, es la que estimula el contrabando de combustible desde el vecino país, así como el despilfarro del mismo en Venezuela, en donde con una población (30´851.343 habitantes) sensiblemente inferior a la colombiana (48´929.706 habitantes) se consumen 635.000 barriles/día en contraste con los 296.000 barriles/día que se consumen en Colombia. Y es que el precio de los combustibles en Venezuela es 35 veces menor que el costo de refinarlo, pues, como lo afirmó el entonces Ministro de Petróleo y Minas Rafael Ramírez, “con lo que cuesta una botella de agua se pagan 72 litros de gasolina”. Y, como dice el adagio popular, ¡lo que nada nos cuesta hagámoslo fiesta!

La combinación de los factores anteriores se ha traducido en un abultado déficit fiscal primario que el BID estimó para el 2014 en el 14% del PIB y que, según el FMI, alcanzará en el 2015 el 20%. Ello es tanto más cierto si tenemos en cuenta que mientras los ingresos representan el 22.6% del PIB, el gasto asciende al 42.6% del PIB, casi el doble (¡!). Y de contera se ha producido una caída vertical de las reservas internacionales desde los US $22.070 millones a comienzos de 2015 hasta, según el Banco Central de Venezuela (BCV), los US $16.527 millones, para una caída del 25.1%. Y ello pese a los préstamos recibidos desde China, que han elevado la deuda bruta hasta el 46% del PIB (¡!). Esta escasez de divisas, aunada al férreo control cambiario impuesto por las autoridades desde 2003, que han dispuesto un sistema de cambios múltiples, ha causado un desbarajuste total. Coexisten actualmente en Venezuela tres tipos de cambio oficial con cotizaciones del dólar a 6.30 el Sicad I, a 13.50 el Sicad II y 200 bolívares el Simadi; pero, al propio tiempo proliferan las transacciones con la divisa estadounidense en el mercado paralelo, en donde se cotiza a 700 bolívares, aupado por el manejo discrecional y discriminatorio de las menguadas divisas por parte de las autoridades. El billete de 100 bolívares “fuerte”, que es el de mayor denominación, se consigue por el equivalente a 15 centavos de dólar (¡!).

La estanflación de la economía venezolana

Para completar “este cuadro amenazador” del que habló Úslar Pietri hablemos de la profunda estanflación (estancamiento con inflación) en que está sumida la economía venezolana, que se contrajo el - 4% el año anterior y ahora tanto el FMI como el Banco Mundial coinciden en su proyección de un decrecimiento del PIB este año del -7%. Las políticas de control de precios, de intervención del mercado, de las expropiaciones sin fórmula de juicio, han estrangulado al sector productivo, a tal punto que en sólo tres años, entre 2012 y 2015 la tasa de inversión en Venezuela se desplomó 11 puntos porcentuales del PIB al pasar del 27% al 16% del mismo. Adicionalmente ha conducido a la escasez, al acaparamiento y al desabastecimiento, exacerbado por el llamado “bachaqueo”, incentivado por la economía del rebusque. El índice de escasez que venía midiendo el BCV registró para marzo de 2014 el 29.4% y se ha venido agudizando, de tal suerte que algunos analistas estiman que dicho índice se ha disparado el último año y podría llegar al 75%1. En tales circunstancias no es de extrañar la hiperinflación de tres dígitos que viene acusando la economía venezolana. Según la revista The Economist en el 2014 la inflación rozó el 90% y se pronostica para el 2015 una inflación del 150%, la más alta del mundo. Todo ello ha repercutido elevando la tasa de desempleo abierto hasta un alarmante 15% y la pobreza, según la CEPAL, después de haber bajado dramáticamente esta tendencia se revirtió, pasando de un 25.4% en 2012 al 32.1% en 2013, no se conocen mediciones confiables más recientes.

Queda evidenciado, entonces, que si la economía venezolana está a punto de colapsar no es por una “guerra económica” no declarada desde el exterior, sino por el fracaso de un modelo económico desastroso. Se dice que Chávez y su equipo económico se inspiraron en las tesis del sociólogo alemán Heinz Dieterich, domiciliado en Ciudad de México, quien planteó un socialismo alternativo al socialismo “real” de la antigua Unión Soviética y el cual bautizó como “Socialismo del siglo XXI”. Pero, este ha sido mal concebido y peor gestionado en Venezuela, tanto es así que el propio Dieterich, aterrado por los desvaríos de las políticas públicas del Gobierno Venezolano y la torpeza con la que se ha manejado la economía, terminó por tomar distancia de estas, en las que no se reconoce y les aconsejó que “si Maduro y Cabello quieren salvar el proceso tienen una solución inmediata: llamen a Rafael Correa, único Presidente Latinoamericano que tiene una comprensión científica de la economía de mercado”2. Una de las leyes de Murphy es aquella según la cual aquello que anda mal siempre es susceptible de empeorar y este es el caso de la economía de Venezuela, que se ha visto arrastrada hacia el abismo por la mala política. La culpa de la calamitosa situación por la que atraviesa Venezuela, entonces, ¡no es de la vaca y tampoco es del destino, esos polvos tenían que traer estos lodos!

El coletazo de la crisis

Colombia comparte con Venezuela 2.219 kilómetros de frontera, son dos países unidos inseparablemente por la historia, un solo pueblo y dos países con lazos inextricables, así sus regímenes políticos sean distintos y sus modelos económicos disfuncionales. Colombia y Venezuela tuvieron en el pasado una densa agenda binacional y su integración en el seno de la Comunidad Andina de Naciones (CAN) hizo de Venezuela el segundo mercado externo en importancia después del de Estados Unidos para Colombia. Vale la pena recordar que las relaciones comerciales con Venezuela se enturbiaron y se empezaron a deteriorar por cuenta de Colombia, cuando por el prurito de negociar unilateralmente el tratado de libre comercio (TLC) con EEUU se hirió de muerte la unidad de la CAN, que terminó saltando en pedazos. Las exportaciones de Colombia a Venezuela llegaron a acariciar los US $7.000 millones y cayeron a los US $2.500 millones en febrero de 2014. Sólo entre el año 2009 y el 2010 las exportaciones sufrieron un bajonazo del 65%, pasando de representar el 12.3% de nuestras exportaciones a sólo el 3.6% en 2011, convirtiéndose Venezuela en el cuarto socio comercial de Colombia después de EEUU, China y Ecuador. Todo por cuenta del lamentable desencuentro entre los gobiernos de Chávez y Uribe.

El intercambio comercial entre los dos países ha seguido de capa caída. Si se comparan las exportaciones colombianas en el primer semestre de 2014 con el primer semestre del 2015 se observa una caída del 22%, al pasar de los US $692 millones a US $542 millones. Igualmente han caído también las importaciones de Colombia desde Venezuela un 50%, al pasar de los US $223 millones en el primer semestre de 2014 a US $113 millones en el primer semestre de 2015. Y, más recientemente, a raíz de la algarabía del Presidente Maduro y sus baladronadas con las que acompañó sus desmanes y atropellos contra los colombianos residentes en Venezuela, se les está dejando de vender por parte de Colombia a Venezuela diariamente la suma de US $400.000. Pero, de lo que sí puede estar seguro el Presidente Maduro es que sus problemas internos no los va a poder resolver atrabiliariamente buscando en Colombia chivos expiatorios para tratar de solucionar su propia crisis, la que tiene su mayor catalizador en la debacle de la economía venezolana, considerada como “la peor manejada del mundo”3 según la revista británica The Economist.

Bien dijo la célebre economista británica Joan Violet Robinson que, “nuestra labor como economistas no es decir lo que debe hacerse, pero sí advertir cuando lo que se hace no está de acuerdo con los buenos principios”. A eso nos limitamos.

1 Dinero. Septiembre, 4 de 2015.

2 www.rebelion.org. Cómo salvar la economía venezolana y el Bolivarismo.

3 The Economist. Septiembre, 22 de 2014.

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