Carta abierta a la Senadora Claudia López. Asunto: Peñalosa.

11:23
Senadora, como dicen por ahí: “Lo que ayer nos unió, hoy nos separa”. Me cuesta simpatizar con quien simpatiza con una persona aliada a dos líderes que, en mi concepto, están lejos de hacer parte de “La generación de la paz”
Por: Andrés de la Cuadra Sanmiguel / Las2Orillas
Apreciada Senadora
El día de ayer me encontré con una imagen que me zarandeó, era un tuit suyo en el que afirma que no votará por Clara López para la próxima alcaldía de Bogotá, que lo hará o por Rafael Pardo o por Peñalosa y que su voto será secreto.
Ante el antecedente de su apoyo a la pasada intención presidencial de Peñalosa en 2014, puede uno casi concluir que su voto, por más secreto, será por él, y más allá de si sea así o no, ya con sus trinos sienta un precedente en la intención de que Peñalosa llegue al Palacio Liévano. (ver: Claudia López empezó a hacer campaña por Enrique Peñalosa)
Inevitable no sorprenderme en primer momento, e incluso preguntarme: “¿Es en serio?” Y en segundo momento, inevitable no sentirme algo indignado.
Senadora, la he seguido desde años atrás, desde que trabajó en la alcaldía de su amigo Enrique, pasando por sus contundentes columnas en el periódico El Tiempo y La silla vacía, por su riguroso y revelador trabajo en la Misión de Observación Electora, -MOE-, en donde tuve la oportunidad de trabajar en equipo con usted para las elecciones locales de 2011 y hasta en su pasada y exitosa campaña al Congreso del año pasado.
No ha sido gratis, ha sido desde una admiración y respeto profundo; admiración y respeto que en gran parte nace en eso que muchos expresamos como “haberle cantado la tabla a Uribe”, con tal valentía, vehemencia y contundencia que rápidamente se ganó la admiración y afectos de muchísimos, más en un momento de una polarización radical en Colombia en la que claramente el ex presidente Uribe reinaba.
Uno podría, Senadora, hacer una lista de los discursos y frases con los que usted ha enfrentado y develado a Uribe y al uribismo, sus frases logran ser atractivos titulares de prensa, y estoy seguro que gracias a ello y sus investigaciones contra la parapolítica, tanto el movimiento político paramilitar (que no es un secreto) como su líder máximo han perdido popularidad e influencia, lo que es una especie de respiro de Estado. (Ver: Histórica cantada de tabla de Claudia López a Álvaro Uribe Vélez)
Usted ha llegado hasta a encarnar una esperanza en miles de colombianos, la esperanza de otra Colombia y de otra política.
Es por esto que hoy me encuentro muy confundido, porque ha decidido apoyar públicamente al candidato que ha sido simpatizante, e incluso, aliado de Uribe, y vamos a hablar las cosas como le gusta, como son y de frente. Todos sabemos que Peñalosa y Uribe hasta una amistad tienen, que va más allá de aspiraciones y estrategias políticas, es una relación que viene de atrás. El país recuerda muy bien aquel apoyo público y mediático que Uribe dio a Peñalosa en su última y fracasada campaña a la alcaldía; que costó, además, la ida a pique del Partido Verde, ¡su partido!
Y puede que sobre decir esto, pero todos sabemos que no es cualquier amigo, ¡ES URIBE! El creador y jefe de eso que usted tanto ha denunciado con pasión, el paramilitarismo y la parapolítica.
Yo no sé si sea radical o desacertado aplicar a la política el sabio refrán “Dime con quién andas y te diré quién eres”; pero para mi es claro que quien anda con Uribe comparte su visión de país, pero sobretodo, comparte, o al menos legitima, sus horrorosas prácticas que han sido nefastas para Colombia, tan así, que nos han costado vidas, ¡miles! Prácticas a las que usted tanto se ha opuesto.
Por otro lado, no soy un reconocido analista o experto político, pero algo sé y me he movido en uno que otro pasillo, y aquí tampoco es secreto que la otra gran sombra de Peñalosa es Vargas Lleras, quien parece ser otro Uribe pero vestido de Lleras, un hombre conectado con mafias políticas y económicas también nefastas para el país, como la mafia de Kiko Gómez en la Guajira, que tanto usted ha denunciado, y que le puso precio a su cabeza.
Son claras y reveladoras las alianzas políticas de Vargas Lleras con estructuras políticas corruptas en varias regiones del país, incluso se rumorea que su influencia en algunas zonas puede llegar a ser igual a la de Uribe y superior a la de Santos. Eso lo han demostrado varias veces analistas y líderes de opinión. (Ver: ¿Qué hay detrás de Peñalosa?)
Ahora, si le quitáramos semejantes sombras a Peñalosa (difícil), también tiene un lunar que tampoco es un secreto: su pasada alcaldía, gobierno que disfrazado de modernidad nos costó y ha costado a los bogotanos. Es claro que hizo privatizaciones controvertidas como la de la Empresa de energía de Bogotá, que el “toque moderno” que le dio a Bogotá le quito presupuesto a lo social que urgía y urge atender en la capital, y por último, y no menos grave, que impulsó un sistema de transporte masivo revolucionario, tan revolucionario que no es público, es de unos privados, muy, muy cercano a Peñalosa y sus amigos, como Vargas Lleras. Incluso hay quienes afirman (con criterio) que Enrique nos alejó del Metro para consolidar semejante empresa (Transmilenio) que deja millonarias utilidades a sus socios al tiempo que la ciudad la mantiene con el dinero de los bogotanos. (Ver: Peñalosa sugiere que Transmilenio es una especie de metro)
Como si fuera poco, hay otro lunar que la toca a usted en sus fibras más íntimas, un lunar muy cristiano. Aunque no fue tan mediático, tampoco fue secreto que Enrique hizo alianzas con varias Iglesias Cristianas en Bogotá para sumar votos a su pasada campaña de 2011, llegó a aliarse con pastores homofóbicos radicales como Eduardo Cañas y Charles W. Schultz, ambos, vinculados a su vez con los más corruptos concejales de Bogotá como Orlando Parada. (Ver: El expediente fundamentalista de Peñalosa)
Yo no creo que Peñalosa sea un homofóbico radical, si lo fuera, la de ustedes sería la amistad más sui generis que habría visto, pero dichas alianzas con grupos cristianos llegaron a preocupar bastante a activistas y líderes de opinión que cuestionaron preocupados lo que sería la política de diversidad, igualdad y lucha contra la homofobia en un posible gobierno de él. Para este nuevo intento, ¿quién nos asegura que Enrique no está teniendo reuniones con biblia en mano y tejiendo alianzas con camándula?
Senadora, la diversidad y la igualdad han sido dos de sus banderas políticas y personales, de verdad, es ilógico que usted apoye a un candidato que se ha aliado con enemigos acérrimos de dichas banderas. No nos pida que nos sumemos a la campaña de alguien que ha llegado a pensar en sacrificar nuestra lucha y nuestros derechos a cambio de llegar al segundo cargo de elección popular más importante del país. ¡Por favor! Es que hemos avanzado mucho, sobretodo en Bogotá. No nos haga eso. No se haga eso.
Ahora bien, yo que la he seguido he tenido claro que usted siente una profunda simpatía por Peñalosa y que tienen una amistad de años. Lo confieso, ese ha sido el lunar que siempre he visto en usted, pero aún así, la he seguido tal cual fan y hasta mi voto le he dado, precisamente porque me convencía con que a pesar de su amistad con Peñalosa, siguiera con tal oposición y confrontación a Uribe y su Centro Democrático. Pero ahora, sinceramente, siento que la que está perdiendo el centro es usted.
Senadora, como dicen por ahí: “Lo que ayer nos unió, hoy nos separa”. Me cuesta simpatizar con quien simpatiza con una persona aliada a dos líderes que, en mi concepto, están lejos de hacer parte de “La generación de la paz”, su proyecto político (¿O es solo un lema?). Como le dije, no soy un erudito en política, pero sé que ésta se fundamenta en alianzas e intereses de todo tipo, y sé que en política no se puede tener contento a todo el mundo, pero en lo que a mi respecta, no comparto su apoyo a Peñalosa para la alcaldía de Bogotá. ¡Me siento indignado!
Y sé que no soy el único. A esos que no somos sus seguidores peñalosistas, no  nos deje sin esperanza Senadora, sin la esperanza de otra política, de otra Colombia, que no tengo del todo claro cuál es, pero sí estoy seguro que no es la de Peñalosa.
Andrés De La Cuadra Sanmiguel
@eldlacuadra

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