Colombia es un caso agudo de extractivismo en América Latina.

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La gran extracción de minerales e hidrocarburos en Colombia anuncia una crisis ecológica de la que poco se tiene conciencia y que afectaría las aguas y demás recursos naturales necesarios para la supervivencia de muchas comunidades. 
Por: Unimedios
Catalina Toro Pérez, directora del Departamento de Ciencia Política de la Universidad Nacional de Colombia, sede Bogotá, advirtió que “el caso de Colombia es emblemático porque es el más agudo; es donde más conflictos sociambientales por extractivismo se dan en América Latina”. 
La académica afirmó que son muchos los procesos extractivos a gran escala los que se realizan en el país, entre los que se podría enumerar la agroindustria y la explotación de hidrocarburos. Sin embargo, destaca que “bajo las políticas de confianza inversionista y seguridad democrática durante el Gobierno Uribe, aumentaron de manera considerable los niveles de inversión y ganancia de capitales extranjeros”.
Precisamente, en una de sus publicaciones titulada Geopolítica energética: minería, territorio y resistencia sociales, la inversión extranjera directa dirigida a la actividad minera y de los hidrocarburos en Colombia aumentó su participación al pasar del 21 % al 82 % entre los años 2000 y 2009, pero en 2010 alcanzó el 85 %”.
Esto ha significado que en más del 75% del territorio nacional, el Gobierno ofreciera títulos mineros que se han hecho efectivos para adelantar proyectos de exploración. Sin embargo, la experta Toro Pérez señaló que este proyecto extractivista lo han mantenido todos los gobiernos, “porque una vez terminaron los dos períodos de Uribe, la locomotora energética inició en el de Santos, y ahora estamos en fase de ampliación de lo que en el gobierno Uribe se llamó la confianza inversionista”.
Aunque es necesaria la extracción de ciertos recursos para el funcionamiento de las sociedades, la docente aclaró que “cuando hablamos de extractivismo estamos refiriéndonos a una escala gigantesca de extracción de materiales que devora poblaciones, ecosistemas y que es absolutamente destructora. Esto no se puede justificar porque la población latinoamericana no es la que usa estos recursos, sino que van para el consumo externo”.
Colombia, además, vive una situación particular, pues “el modelo extractivo agudiza el conflicto y este empeora el extraccionismo. Lo que es claro es que seguimos en guerra y el modelo extractivista está profundizando el conflicto y las disputas en los territorios. Si no se aborda la discusión sobre este modelo extractivista, no será posible la paz para los territorios”, dijo Toro.
Panorama desalentador
El panorama en el resto de Latinoamérica y el Caribe tampoco es alentador. El fracking se ha posicionado como una de las prácticas más agresivas con el medioambiente. El argentino Enrique Viale, abogado ambientalista, explicó que “esta nueva técnica de fracturación hidráulica para la obtención de hidrocarburos no convencionales es altamente invasiva, contaminante y experimental”.
Son pocas las reservas minerales que quedan en el mundo, por lo que el fracking le apunta a explotar los no convencionales, “que son los que se encuentran en la roca madre y que son mucho más difíciles de extraer. Hay que fracturar hidráulicamente la roca y usar muchos químicos y agua para extraer una poca cantidad de producto”, amplió.
Más aún, toda esta actividad extraccionista afecta de manera directa el ambiente y el clima. “Las cuentas que planteaba la Cumbre de Cambio Climático en Kioto han cambiado. Se estaba proyectando que la temperatura iba a subir dos grados de aquí al 2020, pero ya se está pronosticando que va a subir ocho grados y que el mar puede llegar a subir hasta 10 metros, lo que significaría para una isla como San Andrés casi su desaparición”, dijo por su parte Toro.
Así, los investigadores, académicos, abogados y ambientalista que se reunieron en la VII Conferencia Latinoamericana y Caribeña de Ciencias Sociales (Clacso) realizada en Medellín, coincidieron en señalar que es necesaria una lucha conjunta mundial para hacerle frente a estas prácticas agresivas con el medioambiente.
El abogado Viale concluyó que “el mundo no puede depender de los combustibles fósiles, la locomotora energética debería enfocarse en empezar el camino hacia las energías renovables. El mundo tiene la tecnología necesaria pero el camino es transicional y esa transición tiene que incluir un cambio cultural”.

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