Bogotá: Ecosistemas amenazados.

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Defensores de los ecosistemas como pulmón de la ciudad preparan iniciativas para defender los territorios de posibles intervenciones de la nueva administración.

Por: Carolina Tejada / Agencia Prensa Rural.

Dentro de las grandes reflexiones que nos deja el 2015 para la capital, está lo relacionado con la suerte de los ecosistemas que durante todo el año, habitantes y defensores del medio ambiente insistieron en defender, dada la intención de proyectos de infraestructura, que irían en detrimento de lo que es sin lugar a dudas, el pulmón de la metrópoli del país.

Estamos hablando de los Cerros Orientales, los humedales, el río Bogotá y el Páramo de Sumapaz. Siendo esta la agenda que más se movió en la ciudad, la incógnita es: ¿Qué va a pasar con la llegada del nuevo alcalde, quien a través de las redes sociales se ha venido pronunciado en favor de la intervención a estos ecosistemas?

Los Cerros

Cabe recordar que la Mesa de Cerros ha venido enfatizando en la necesidad de la defensa del territorio y del buen vivir de los habitantes de las localidades que componen la Mesa y en particular, de la necesidad de que no se tomen decisiones sobre el territorio sin contar con la aprobación de quienes lo habitan.

Pues este territorio se encuentra en una encrucijada. Desde que se emitió la resolución del Instituto Nacional de los Recursos Naturales Renovables y del Medio Ambiente, Inderena, donde declara la zona como Forestal Protectora-Productora. Miles de familias han vivido allí por más de tres generaciones, estamos hablando de cerca de 160 mil personas, formadas por 80 mil familias, pues dada la necesidad de tener un hábitat para sus familias, se asentaron en los cerros, formando barrios y creando un ambiente habitable y comercial.

Por otro lado, también se encuentra la intervención de las empresas de construcción, de urbanizaciones de estratos altos, universidades, empresas privadas etc. Quienes aprovechándose del uso del suelo, de la tranquilidad y armonía que brindan los cerros, han hecho grandes proyectos para hacer dinero a costa de la devastación del territorio.

Esta zona, como menciona uno de los líderes de la Mesa de Cerros, “es territorio con recurso hídrico y minería. El Estado, las multinacionales de la minería y los constructores han impulsado leyes para sacar a la gente que habita allí hace décadas, pues son un estorbo para los consorcios que quieren planes de vivienda o licencias de explotación del suelo”.

La preocupación que marca a los defensores del medio ambiente, radica en que el alcalde electo, Enrique Peñalosa, pretende hacer un sendero peatonal, o así lo ha planteado, una especie de andén en medio de los Cerros Orientales, lo cual agrede lo que los ambientalistas llaman, el equilibrio del pulmón de la ciudad. Esto sin mencionar la posibilidad de reabrir las licencias de construcción de nuevos espacios residenciales a constructoras y empresas privadas.

Los humedales

Otro de los grandes interrogantes está relacionado con la suerte de los humedales de la ciudad, según ha mencionado el alcalde electo, “no existe ningún estudio que impida construir sobre los humedales”. Para quienes han venido promoviendo la protección de estos ecosistemas, se constituiría en un crimen ambiental si los cuerpos de agua que allí reposan junto a la variada avifauna y la amplia vegetación acuática, que conforman estos ecosistemas que llevan muchos años formándose, son intervenidos por los seres humanos.

Hasta ahora la pretensión que se ha mencionado desde la nueva administración, es la de construir la Avenida Longitudinal, ALO, bajo el trazado original, por cierto muy cuestionado por la afectación que haría sobre tres de los más importantes humedales de la ciudad, se trata de: Capellanía, Jaboque y La Conejera, que en últimas constituyen un respiro ante los altos niveles de polución que generan los autos.

El Río Bogotá

Si bien el Consejo de Estado, el 28 de marzo de 2014, en cabeza del magistrado Marco Antonio Velilla, emitió una serie de advertencias y órdenes perentorias a las diferentes instancias regionales y distritales en relación a tomar medidas urgentes y efectivas para la recuperación del Río Bogotá, definidos en el esquema de tratamiento para la descontaminación en la cuenca media, que estará constituido por dos plantas de tratamiento de aguas residuales, ampliando la actual, ubicada en El Salitre, en el caudal y su capacidad de tratamiento. Y la construcción de una segunda planta de aguas abajo de la desembocadura del río Tunjuelo sobre el río Bogotá.

Lo cierto es que este proceso se venía adelantando por medio de un préstamo con el Banco Mundial de 250 millones de dólares, el cual cumpliría las funciones de adecuación hidráulica del río, como mecanismo para controlar las inundaciones, mejorar el paisaje del entorno con la construcción y adecuación de zonas verdes para uso lúdico de los ciudadanos y la ampliación de la PTAR Salitre.

Lo que queda en duda es que, con la idea de que tiene el alcalde electo de canalizar el río de la ciudad, se rompería totalmente la conexión entre el agua y el medio ambiente. Los caminos de concreto tal y como fueron diseñados en el río que baja por el eje ambiental, hoy convertido en un caño, impedirían a la tierra tener contacto con el líquido vital, acabando de facto con el ecosistema que se construye a partir de esta intervención con el río. Muchos ambientalistas han señalado esta iniciativa como otra autopista Peñalosa que terminará en un crimen ambiental.

                                         El Páramo de Sumapaz

El 70% del agua que consume el país, proviene y se distribuye desde los páramos. Colombia alberga el 50% del área total de páramos que sobreviven en el planeta, correspondiente a 1,9 hectáreas y el 98% de las especies vegetales que existen en la actualidad en este tipo de hábitat. Bogotá en la localidad de Sumapaz, acoge en su seno el páramo más grande del mundo, constituido como la principal reserva de agua que existe en el mundo. Sin embargo, desde hace varios años los campesinos habitantes de este lugar, han venido denunciando el alto nivel de injerencia militar y por ende el aumento de los atropellos contra sus habitantes. Los pobladores aseguran que la reserva natural, ha sido militarizada en una proporción de tres militares por cada habitante, con la intención de abrir paso a la intervención de las empresas de extracción de recursos naturales que ven en el páramo una mina de oro.

Una de las mayores preocupaciones de sus habitantes es la relacionada con un proyecto de exploración sísmica por parte de la compañía Alange Energy y su proyecto Cor-33 que durante el 2013 y el 2014 hicieron presencia en la zona, pero la resistencia de sus habitantes impidió la continuidad del proyecto.

Con el silencio que ha guardado el nuevo alcalde sobre la suerte del páramo y bajo los antecedentes que lo ubican como una persona de negocios so pretexto del desarrollo por encima del bien común y de los recursos naturales, los habitantes guardan celosamente a la espera de que proyectos como los de extracción de recursos o la privatización del páramo no se dé o se ejecute cualquier iniciativa a espaldas de la comunidad.

El panorama para la ciudad en términos de la protección a los ecosistemas estará al orden del día para el 2016. Defensores de los ecosistemas como pulmón de la ciudad ya preparan iniciativas para defender los territorios de posibles intervenciones desde la nueva administración.

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