Las represas hidroeléctricas: fábricas de gases invernadero.

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Por: Pablo Astudillo / El Quinto Poder
El Primer principio de la Termodinámica establece, en palabras muy simples, que la energía no se pierde; se puede transformar, pero no crear o destruir. Y este principio se aplica, obviamente, a los organismos vivos y a la materia orgánica. Cuando un organismo muere, muchos procesos químicos ocurren, que terminan en la transformación del cuerpo en otro tipo de material, en otra forma de energía. Los organismos vivos se componen mayoritariamente de cuatro elementos químicos: carbono, hidrógeno, oxígeno y nitrógeno.
Cuando se construye una represa, grandes cantidades de material orgánico quedan sumergidas, las que sufren un proceso de descomposición que termina con la formación de gases como dióxido de carbono (CO2), óxido nitroso (N2O) y metano (CH4), que son emitidos a la atmósfera induciendo el efecto invernadero (por lo que se les conoce como GHG, del inglés "greenhouse gases"). Las emisiones de una represa dependen de la profundidad, del tamaño, del ecosistema sobre el cual se construyó, la temperatura, entre otros factores. Represas de gran altura producen un fenómeno adicional: al pasar el agua por las turbinas y salir de la represa, se produce un cambio en la presión del agua que libera más gases (de manera parecida a cuando abrimos una botella de bebida; cambia la presión, liberándose gas). Se estima que el 40% del CH4 y el 70% del CO2 liberado por las represas se debe precisamente a este fenómeno. Río abajo, continúa el proceso de liberación de gases, el que se puede extender por kilómetros.
Respecto del reservorio de agua, existe liberación de gases en la interfase entre agua y aire, y liberación de gas (principalmente metano) en burbujas, proceso que puede explicar hasta la mitad de la producción de metano sólo en el reservorio. En promedio, una represa puede liberar hasta 40 kilogramos de CH4 por kilómetro cuadrado al día, en zonas de alta riqueza de material orgánico, como en un bosque. Si una represa tiene un tamaño de 10 km2, puede liberar al año 146.000 kilos de metano en promedio. La superficie total de los embalses del proyecto de HidroAysén es de casi 60 km2.
Otro concepto importante es el de "potencial de calentamiento global" o GWP (del inglés "Global Warming Potential"), y se refiere a que ciertos gases son más poderosos que otros en su capacidad de producir calentamiento global. En este sentido, el metano tiene un valor de GWP de 25 veces más que el CO2a corto plazo, mientras que a largo plazo este valor es de 70 veces. Usando el valor a corto plazo, nuestra represa teórica de 10 km2 emitiría, sólo en metano, un GWP equivalente al de 3.650 toneladas de CO2 al año. A este valor hay que sumar el de la emisión de CO2 propiamente tal, y el de la emisión de N2O, el que tiene un valor de GWP 300 veces mayor que el del CO2. Cálculos de algunos investigadores demuestran que, incluso, producir una determinada cantidad de energía mediante hidroelectricidad, al considerar los GHGs emitidos, contamina de igual manera o más comparado a si la misma energía se hubiese obtenido con combustibles fósiles.
Un tercer aspecto, convenientemente olvidado por la defensa de los grandes proyectos hidroeléctricos, es consecuencia directa del llenado de la represa y la construcción de obras asociadas: la deforestación de las especies vegetales acaba con importantes extensiones de sumideros de CO2. Cuando un árbol desaparece, lo que desaparece es, desde un punto de vista instrumental, una máquina capaz de absorber CO2 y, lo que es aún más increíble, transformarlo en oxígeno. Cuando hablamos de un solo árbol, no pareciera ser gran problema. Pero cuando hablamos de kilómetros cuadrados de bosques que quedarán sumergidos, más la tala para la construcción de caminos, más… son otras varias toneladas de CO2 que dejan de ser absorbidas y convertidas en oxígeno durante años. La reforestación no compensa esta pérdida; pueden pasar varios años antes de que un árbol recién plantado llegue a absorber la misma cantidad de CO2 que un organismo adulto. Otro daño ecológico de suma importancia es el asociado a la destrucción o alteración de los cauces de los ríos intervenidos por la represa. Material orgánico e inorgánico escapa de la represa y contamina el lecho del río, aumentando las concentraciones locales de carbono y nitrógeno (entre otros elementos).
La alteración de los cauces de los ríos por las represas puede ser catastrófica; existe cierto consenso científico sobre la construcción de la represa de las Tres Gargantas (la más grande del mundo), en China, como la causa de la extinción del Delfín de Agua Dulce del río Yangtsé.
Uno puede perder fácilmente la perspectiva respecto a estos números, así que los pondremos en contexto con un ejemplo. Investigadores brasileños han determinado, tanto por modelamientos como con mediciones en terreno, los niveles de emisión de gases GHGs para centrales en su país. Dos ejemplos son las centrales Miranda y Xingó, cuyas superficies son 50,6 km2 y 60 km2, respectivamente (tamaño similar al proyectado por el conjunto de las represas de HidroAysén). Ambas represas juntas emiten al año más de 3.620 toneladas de metano, equivalentes a más de 90.600 toneladas de CO2. Además, emiten casi 150 mil toneladas de CO2. En el contexto global, se estima que las represas contribuyen con cerca del 4% de los gases GHGs emitidos por el hombre. Incorporar la emisión de metano ha sido difícil; hasta hace menos de cinco años atrás, no se había contabilizado al metano emitido por las represas en la suma global. Hoy, los estudios científicos permite concluir que las emisiones de metano por parte de las represas constituyen entre el 20% y el 30% del total emitido por el hombre, y se convierte en la principal fuente antropogénica de este gas.
Para el caso de HidroAysén, los datos de otras represas permiten inferir que tendrá importantes consecuencias ambientales, pero este tema se abordará en otra ocasión por razones de espacio. No obstante, los datos publicados para varias represas son suficientes para concluir que difícilmente se puede calificar a la energía hidroeléctrica como una "energía limpia": emisión de CO2 y metano, fin de la captura de CO2 por deforestación, daños a los ecosistemas adyacentes, y sólo considerando las represas, ignorando obras asociadas y líneas de transmisión. Los chilenos debemos informarnos para que, de una vez por todas, no se juegue con nosotros y no se nos trate de engañar con falsas promesas de energías limpias que, a fin de cuentas, están muy lejos de serlo.

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