Hacia una universidad líquida: homenaje a Zygmunt Bauman

septiembre 06, 2017

Dice el sociólogo y pensador Zygmunt Bauman que estamos en un nuevo estadio de la sociedad llamada “modernidad líquida” en donde prácticamente todos los resortes que configuraban una sociedad sólida se están transformado en elementos efímeros, cambiantes, flexibles: líquidos. 

Por: Didac Martínez / Universidad Si

Lo que antaño se había construido para siempre empieza ahora a derrumbarse. Las relaciones humanas en todos sus aspectos están en permanente transformación y la modernidad líquida está afectando no solo a las estructuras sociales, políticas y económicas sino también a las relaciones familiares y personales. Todo lo sólido que se construyó está hoy en entredicho.

La capacidad del hombre parece que está siendo superada por los acontecimientos determinados principalmente por la tecnología, el consumo y el conflicto. Ahí tenemos, por poner un ejemplo, las oleadas de refugiados y emigrantes que quieren venir a la culta y rica Europa. El problema no es cuántos refugiados debe acoger cada país, que también, sino el cambio que se está produciendo en unos valores que creíamos “sólidos” como la solidaridad, la acogida y el encuentro y que configuraban una determinada acción política. La historia demuestra que el populismo xenófobo avanza cuando los valores sólidos desaparecen.

Desde esta perspectiva, la educación y la universidad entendidas, hasta ahora, como estructuras sólidas en las sociedades actuales, también están siendo afectadas por la modernidad líquida. Los cambios que la sociedad provoca en la universidad son innumerables y, se quiera o no, parece ser que vamos hacia una universidad también líquida. Jamás la universidad había sido tan interpelada desde fuera de la academia como hasta ahora. Estamos entrando en una sociedad líquida que va corriendo a un ritmo más rápido que la universidad.

La Educación Superior como mercado emergente

La Educación Superior no solo se va a realizar fundamentalmente en la universidad pública como hasta ahora. La educación universitaria se está tratando como una mercancía y por lo tanto es un objetivo de inversión económica. El llamado “mercado de la Educación Superior” va en esta dirección. En un futuro inmediato puede que la Educación Superior no dependa estrictamente de los organismos públicos ni estatales correspondientes, sino de empresas y gigantes económicos tecnológicos como Google, Microsoft, Apple, Samsung o IBM, que están creando cursos y programas de formación para la población.

¿Qué valor tendrá un título de una universidad pública en este mercado? ¿Será un billete para continuar subiendo en el ascensor social? ¿Asegurará al estudiante un puesto de trabajo cualificado de por vida? La sociedad líquida lamentablemente no garantiza nada de todo esto y además el mundo empresarial reclama cada vez más otro tipo de conocimientos. No quieren excesivos contenidos sino habilidades para liderar y adaptarse a un mundo que cambia. Reclaman a los recién titulados competencias que las universidades no están enseñando suficientemente. Y, a todo esto, muchas titulaciones -nos lo dicen los mismos profesores-, ya no están relacionadas con una profesión determinada. Se enseñan conocimientos sin saber en qué trabajarán las personas que los reciben.

Es la atomización del conocimiento que deriva también en una atomización del trabajo, provocando que un titulado deba trabajar en un rosario de innumerables trabajos a lo largo de su vida. Esto jamás había pasado, ya que cada titulación equivalía a una profesión determinada en la sociedad sólida. Ese continuum se ha roto.

La figura del profesor en crisis

Otro síntoma de una universidad líquida es la figura del profesor. El docente no va a ser  el centro del sistema educativo, ni la autoridad de la enseñanza, ni tampoco el canal único del proceso de la transmisión del conocimiento al estudiante. La información está en la red y es accesible para todos desde fuera del aula. Ahora el profesor universitario está en crisis porque, además, la misma universidad no valora su dedicación, especialmente docente. El resultado es un profesor desorientado, perdido, mal retribuido y, lo que es peor, desprestigiado por la sociedad y la universidad a la que sirve. Ese abandono y deterioro de la figura del profesor que lamentablemente abunda en el bachillerato español está llegando de forma muy preocupante a la universidad. José Antonio Marina hace tiempo que denuncia esta situación: “la universidad ha dejado de valorar la docencia obcecada por la investigación y con ello al profesor”. El valor extraordinario de transmitir, educar y enseñar que aportaban los buenos profesores universitarios va a la baja. No interesa. Asignaturas cortas, troceadas, cápsulas de información y venga, a otra cosa. Es el conocimiento y la información como consumo rápido y desechable del cual nos alerta Bauman.

La investigación global y tecnológica

La especialidad de la ciencia iniciada en los años 60 y las demandas de la sociedad han provocado también que la investigación sea un requerimiento que se le exige de forma prioritaria a la universidad sobre todo en los últimos 30 años. Por ejemplo, en España, que es un país sin tradición científica y sin recursos suficientes, las universidades han avanzado de forma muy positiva en determinadas áreas de investigación. Hay mucho talento en las universidades españolas y, junto con el esfuerzo titánico de profesores emprendedores, el cambio ha sido muy significativo. Lástima que los últimos recortes económicos en investigación vayan en la dirección contraria. Pero la amenaza principal en la universidad líquida que se dibuja en el horizonte no es el problema económico aunque esté intrínsecamente relacionado. La característica principal de la investigación en la universidad líquida es la huida definitiva de la investigación de la universidad sólida. La universidad sólida es muy lenta para moverse en el veloz campo de la investigación y por lo tanto tiene que salir de ella. El concepto que se va imponiendo es la desregularización y, si lo importante va a ser incrementar la transferencia y la innovación, debe ser el mundo industrial, económico  y empresarial el que dirija realmente la investigación de los países. No cabe otra posibilidad.

La universidad debe estar al servicio del tejido económico e industrial de la sociedad. Este mantra que se repite una y mil veces conllevará que la universidad pierda lo que le es más esencial, la libertad de pensamiento y la decisión ética sobre lo que se investiga. Libertad y ética, justamente dos palabras que están reñidas con la modernidad líquida. Los objetivos de la investigación en un futuro inmediato no los marcarán ya los científicos ni la universidad sino que serán impuestos desde fuera de ella. Puede que sin quererlo pero hace tiempo que la investigación se está “deslocalizando” de las universidades y situándose fuera de su dirección. Solo hace falta darse una vuelta por los campus universitarios americanos y también por los nuestros para ver que en realidad son campus de empresas que compiten en cada uno de sus ámbitos. Vamos pues hacia un futuro en donde los mercados, las empresas tecnológicas y los sectores económicos serán los que exigirán un determinado avance o invención y su posterior desarrollo y aplicación. La universidad como tal participará cada vez menos en la investigación mundial. La pregunta que nos deberíamos hacer es ¿quién está ya marcando las líneas de la investigación mundial?, ¿las universidades o las grandes empresas farmacéuticas, energéticas, tecnológicas y militares, por ejemplo?  

Puede que el anciano Bauman sea excesivamente pesimista y la modernidad líquida en realidad sea simplemente un nuevo estadio de la sociedad o una metáfora para explicar todo lo que pasa hoy en día y que no acabamos de comprender. Pero, la universidad debería analizar profundamente hacia dónde va y adelantarse a los cambios profundos que están llegando de forma tan rápida.

Las universidades públicas deben diseñar estrategias propias y construir un proyecto educativo riguroso y de excelencia, que sirva para dar una verdadera respuesta a las necesidades educativas de la población teniendo en cuenta que deberá competir con la oferta de formación de las empresas y otras universidades en un marco internacional. Para conseguir esto es necesario que realice cambios profundos a todos los niveles, pero desde mi punto de vista, para poder lograrlo, será necesario reconstruir de forma prioritaria la figura de profesor como educador excepcional del aprendizaje integral del estudiante.

Y sin duda, es urgente que la universidad exija y defienda una investigación que solucione los graves problemas que tienen los ciudadanos y ahora de una forma ya muy preocupante, también los problemas del planeta en donde vivimos. Solo desde la libertad de pensamiento y valores éticos y democráticos comunes podremos, desde la universidad sólida, dar respuesta a una sociedad líquida que se aproxima inexorablemente.

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